sábado, 16 de marzo de 2013

Notables parecidos entre Iñaki Urdangarín y Ortega Cano.







Urdangarín: No se acuerda de nada, ni de fechas ni de cantidades de dinero, pero eso sí, defiende su "honradez"

Ortega Cano: No se acuerda de lo que pasó aquella noche, cuando su coche se estrelló contra otro y murió un conductor, pero si se acuerda de que "no bebió"




Urdangarín: Fue una figura del baloncesto, un deportista muy admirado por los aficionados.

Ortega Cano: Fue una figura del toreo con muchos seguidores.




Urdangarín: Es un esperpento al que ha traicionado su codicia.

Ortega Cano: Es un fantoche al que ha traicionado su alcoholismo.




Urdangarín: Está casado con la hija de los Reyes de España.

Ortega Cano: Estuvo casado con la reina de la copla.




Urdangarín: Ha adelgazado una barbaridad.

Ortega Cano: Está más chupado que la polla de un actor porno.




Urdangarín: Con los problemas le ha envejecido el rostro.

Ortega Cano: El alcohol le está idiotizando.




Urdangarín: Su suegro le ha excluído de la Familia Real y Palma de Mallorca no quiere que utilice el título de Duque de Palma.

Ortega Cano: Su hijo adoptivo piensa llevarle a los tribunales porque le exige parte de la herencia de Rocío Jurado.




Urdangarín: En sus momentos de euforia firmaba las misivas como "El Duque Em-palmado"

Ortega Cano: En sus momentos de euforia etílica cantaba "Me siento muy a gustito"

viernes, 15 de marzo de 2013

El entierro de La Sardina




El entierro de La Sardina, acaecido en el 2.011, siempre se recordará en la barriada del Divino Pastor como el día en el que el patriarca Celedonio y su compadre el Tío Virutas vacilaron de una forma descarada a la policía madrileña. Ojo, que la cosa no es de chiste, porque ambos romanís eran los presuntos asesinos de Godofredo Cañete, presuntos pero asesinos.

El entierro de La Sardina tuvo lugar un frío miércoles de Marzo por la mañana. Centenares de gitanos de toda la región acudieron a despedir a la venerable difunta, una mujer muy querida por los de su etnia y un verdadero quebradero de cabeza para los municipales por su maestría como ladrona de carteras o "merchera", especializada en los guiris del Paseo del Prado y la Cibeles.

Dos días antes, al llegar al barrio tras una fructifera jornada laboral, Rosario Palomo Heredia, La Sardina, fue atropellada en un paso de cebra por un coche Seat Toledo de tercera mano conducido por Godofredo Cañete. El irresponsable Cañete tenía más alcohol en la sangre que Ortega Cano cuando se siente muy a gustito. Detuvo el vehículo y, a pesar de su melopea o quizá por causa de ella, se aprestó a socorrer a aquella mujer que yacía en medio de un charco de sangre. Pero La Sardina ya estaba muerta y de ello se percataron enseguida el patriarca Celedonio y su compadre El Virutas, que acababan de salir del Bar los Mejillones y, ni cortos ni perezosos, le asestaron veinte puñaladas al maldito payo asesino, ahorrándoles a los maderos patrulleros la prueba de alcoholemia y pasándole el fiambre al señor forense.
Los vengadores huyeron ipso facto y se ocultaron en un poblado que no era el suyo.

El concurridísimo entierro de La Sardina tuvo un aspecto morboso de provocación a la policía. El patriarca Celedonio había jurado "por sus muertos" que asistiría al entierro, y cuando un gitano jura por lo más sagrado de los gitanos, todo el mundo sabe que lo va a cumplir.
Un fuerte dispositivo policial se mezcló con el millar largo de gitanos congregados: Viejos patriarcas de todos los clanes, gitanas gordas y flacas con sus proles de churumbeles, gitanas viejas plañideras que iban detrás del ferétro gritando y maldiciendo al payo asesino, gitanos jóvenes con aspecto de gitanos navajeros lorquianos, gitanos cantaores y bailaores, gitanos gurruminos...
Los policías uniformados rodeaban la zona y los inspectores de paisano se confundían con la gitanada, y algunos incluso se habían disfrazado de gitanos. El objetivo estaba muy claro: detener al patriarca Celedonio y al tío Virutas. Pero no hubo suerte.

A últimas horas de la tarde, en la comisaría del Divino Pastor, el comisario Lopategui Serranillos se lamentaba de la malísima suerte que habían tenido.
- No me lo puedo creer, señores, si el Celedonio juro que iba a ir al entierro, es que ha ido al entierro. En qué hemos fallado, coño?
Llegaron los inspectores Molina y Argoitia y pusieron sobre la mesa las fotografías y la grabación videográfica que se había hecho durante la misa, a la comitiva fúnebre por la calle y en el cementerio de la Almudena.
Transcurrieron dos horas sin que el abundante material videográfico y fotográfico les dijese nada, hasta que de pronto...
- Es él, coño, es él!... - exlamó el comisario señalando a una de las fotos - Este tío es el Celedonio, joder!, y el que está a su derecha, ese al que no se le ve bien, debe ser el Virutas.
El Celedonio y el Virutas eran dos de las viejas plañideras que acompañaban al féretro. Estupendas caracterizaciones e interpretaciones las de los dos calés, aunque finalmente fueron descubiertos por el ojo de una cámara y el buen ojo clínico de un comisario.
"Joder, como en la películas", pensó el sarcástico inspector Molina.
Y aún tuvieron que pasar cinco meses hasta el día en que les echaron el guante, pero esta ya es otra historia.

jueves, 14 de marzo de 2013

Otros dos finales para el relato "Los trenes que no llegaron"




Marcos hace lo posible porque le entienda. "Libéreme!" le grita con la mirada al extraño visitante.
El vagabundo reacciona positivamente. Le quita la mordaza. "Sálveme, por favor, sálveme!...  desate los nudos!, corte la cuerda!... tiene una navaja?!"
El paria le mira estupefacto, como si Marcos le estuviese contagiando el pánico.


Su repentina reacción no deja margen para que Marcos se sorprenda. Extrae un enorme cuchillo de sus mugrientas ropas y se lo clava repetidamente, gritando y babeando como un auténtico energúmeno. Acto seguido le arranca el corazón y empieza a devorarlo con absoluto frenesí, como si arrastrase un hambre de varios días.
Oye el pitido del tren y se aparta de inmediato. Pone a descansar su enclenque cuerpo sobre un montículo del terreno y abre un cartón de vino para digerir bien la comida.


Finalmente el mendigo sale de su estupor y se presta a ayudar al hombre que está amarrado a la via. Extrae una navaja de su mugriento abrigo y se afana en cortar las gruesas cuerdas. Sus movimientos son lentos porque es un hombre viejo y alcoholizado. Oye el pitido de un tren. "No quiero morir, Dios mio!... dese prisa!... dese prisa!"
El tren se va acercando a una velocidad endiablada. En este tramo los trenes alcanzan su máxima velocidad. Los sicarios han sido listos. Quince segundos antes de que el convoy llegue al punto fatídico, el vagabundo consigue desatar a Marcos. Con un esfuerzo sobrehumano le arrastra hacia afuera de la vía, pues los músculos de Marcos están entumecidos y es incapaz de moverse. En el último segundo logra su propósito. Marcos ya está a salvo. El vagabundo sufre un desvanecimiento y cae sobre el rail. La locomotora parte su cuerpo en dos trozos. Marcos se siente locamente feliz.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Los trenes que no llegaron



Los ajustes de cuentas están al orden del día en las grandes ciudades. Los sicarios se mueven a su antojo por la jungla de asfalto cumpliendo las terribles órdenes de los capos. Muchos crímenes quedan impunes y la mayoría de los sicarios cobran por cada "ejecución" una miseria. La necesidad hace muy mala a la gente.

Vamos a asistir a una ejecución atípica. Los sicarios han desistido esta vez de apretar el gatillo o clavar la navaja. Lo fácil. Han querido rescatar un viejo procedimiento en el que la víctima pasa mucho miedo antes de morir.

5'35 am  Utilizan gruesas cuerdas y estacas. Clavan las estacas con una maza y anudan fuertemente las cuerdas que unen las estacas con el cuerpo de la víctima. Previamente le han amordazado para no escuchar sus súplicas lastimeras. La cabeza de Marcos queda "en reposo" sobre un rail. Tampoco le escuchara nadie que pudiese socorrerle. En ese tramo de la vía y sus proximidades no hay seres vivientes. "Tú te lo has buscado, cabrón", le dice uno de los sicarios sin conmoverse por la mirada aterrada del que va a morir de una manera atroz. "Adios, encanto, faltan sólo... - Consulta el reloj de su móvil.


5'38  ... diecisiete minutos para que llegue tu tren. Feliz viaje!, ja, ja, ja!" Las risotadas de los sicarios son el preludio siniestro del trágico final que se avecina. Los malvados desaparecen enseguida. Da mal fario quedarse a ver la escabechina.


5'45   Todavía reina la noche. Marcos se hace sus necesidades encima. Diez minutos le separan de la muerte. Es un ser agonizante aunque su salud sea estupenda. Es un hombre fuerte y joven que ha cometido el grave error de intentar engañar a un mafioso, de quedarse con el dinero cobrado por la venta de un pequeño alijo.


5'50   Sólo cinco minutos más y se acabó todo. Dentro de su enorme perturbación trata de ser pragmático: "Esto es muy rápido, no sufriré" Tiene razón, es como la guillotina, pero a lo bestia. A su angustia hay que sumarle el dolor en todas las articulaciones del cuerpo por los nudos que le aprietan sin permitirle el más mínimo movimiento. Hasta respirar le resulta difícil.


5'55   Debe ser ya la hora. El tren de cercanías siempre es puntual. Pero sólo se escucha silbar al viento entre los árboles.


6'10   Está amaneciendo. Marcos sólo ve nubes desgarradas que pasan sobre él empujadas por un viento caprichoso. La posición de su cabeza no le permite contemplar el verdor de los árboles por última vez.


6'30   "Qué estará ocurriendo?... Me dijeron que el tren iba a pasar a... no sé, que faltaban diecisiete minutos. Es posible que no hayan pasado todavía diecisiete minutos?... No, no, ha tenido que pasar más tiempo! Es un milagro?!... No va a pasar el tren?!... Me va a rescatar alguien?!


7'00  Llegado este momento tenían que haber pasado ya un talgo y dos cercanías. Tenía que haber llegado al menos "su" tren, porque si este llegaba ya no llegarían los otros hasta que él se fuese, es decir, hasta que el juez levantase su cadáver.


7'10   Oye pasos. Alguien se acerca por la vía. Apenas puede girar la cabeza, pero siente los pasos cada vez más próximos. Finalmente unos pies se detienen a pocos centímetros de su cabeza. Entre él y los jirones de nubes volanderas asoma una cabeza. Dos ojos de demente le observan. Por su aspecto desastrado es un vagabundo y no parece estar en sus cabales. Marcos hace lo imposible por hacerse entender. "Libéreme!", le grita con la mirada a su extraño visitante.


7'12   El vagabundo reacciona positivamente. Le quita la mordaza. "Sálveme, por favor, sálveme!... Desate los nudos!, corte la cuerda!... Tiene una navaja?!" El paria le mira estupefacto, como si Marcos le estuviese contagiando el pánico. Al final saca una navajita de su bolsillo, una navaja pequeña con el filo oxidado. Intenta cortar la cuerda pero le resulta imposible. Los sicarios han obrado a conciencia.


7'15   Oyen el pitido de un tren. "No quiero morir, Dios mio, no quiero morir!" Pero su muerte es ya inminente. Imposible detener la galopada del caballo de hierro. Imposible la frenada. En aquel tramo los trenes alcanzan la máxima velocidad. Los sicarios lo han planeado todo muy bien. El vagabundo se aparta espantado. El maquinista ve el cuerpo en los últimos instantes, pero no puede hacer nada por evitar la carnicería.


7'17  El cuerpo de Marcos es ahora un cadáver troceado. El vagabundo mira aterrorizado los despojos. El maquinista detiene el convoy varios centenares de metros más allá, tras una larga frenada.



Conclusión

La huelga de ferroviarios retrasó la muerte de Marcos una hora y veintidos minutos.
Marcos murió bajo las ruedas del primer tren de los servicios mínimos. Los sicarios no se habían enterado de la huelga.

martes, 12 de marzo de 2013

Basado en un hecho real que le ocurrió ayer a un gilipollas.

Este gilipollas ya ha perdido muchas cosas en la vida, cuando no le han robado, pero sigue siendo un jodido atolondrado y así le va. Le ocurrió ayer lunes. El gilipollas se dejó olvidado en el autobús un bloc, y en el bloc estaba anotado y corregido el relato que iba a publicar hoy en su blog, además de otros escritos. Y después de la decepción y el mosqueo ( que le pasa por gilipollas, insisto, por no mirar al asiento después de levantar el culo ) no se encontraba con ganas de recordar todo el texto o de volver a imaginar la historia.
En su nombre pido disculpas a los lectores, "incluídos" esos números que salen en la estadística.

lunes, 11 de marzo de 2013

Horror indefinido ( IV y final )



Oh, no puedo resistirlo!... Mis ojos se están abrasando... ( Es una sensación, claro, no una realidad física )

Y de pronto me despierto, pero sin angustia, sin miedo. "Vaya, qué bien!", dígome, "ha sido una pesadilla muy cabrona, pero me encuentro relajadísimo, como si no la hubiese sufrido. Y lo alucinante es que me acuerdo de todos los detalles.
Y entonces escucho un golpe fortísimo en la puerta de mi habitación y pego un bote en la cama. Dos golpetones más y la cerradura cede. Aparece mi mujer, Josefina, con un kalashnikov y me grita: "Muere, bastardo imperialista!" Va disfrazada de guerrillera bolivariana, con una gorra roja y una camiseta con el retrato de Hugo Chávez comiéndose una butifarra bolivariana. y la muy amoral me rocía de balas como quien riega las plantas del jardín. Cásate para esto!
Y en eso me despierto. Sólo ha sido una pesadilla. Uf, menos mal!... Me consta que mi santa esposa me engaña años ha con el ex tesorero Luis Bárcenas, pero sería incapaz de atentar contra mi ínsipida vida. El que no se consuela es poque no quiere, verdad, Doña Leona?

Y mañana otro emocionante relato: "Los trenes que no llegaron"

sábado, 9 de marzo de 2013

Horror indefinido ( III )



"Con mi muerte he dejado de ser mortal para convertirme en algo abstracto. Joder, pero no debería estar completamente muerto?!... Yo nunca he creído en estas cosas, no entiendo lo que me está pasando"

Total, que sin comerlo ni beberlo ( que son acciones humanas, no de espíritus ) me veo envuelto en una espesa niebla, o una espesa niebla envuélveme, como gusten, pero una niebla rarísima, no similar a la del mundo que he dejado atrás,  una niebla tan atípica y sobrenatural que no sabría explicar aquí con las palabras precisas.
Aunque no veo nada, percibo extrasensorialmente la presencia de otros espíritus recientitos: los cómicos María Asquerino y José Sancho, el presidente venezolano Hugo Chávez, montones de víctimas de las carreteras y de las guerras... Hostias, qué mal rollo, y yo que creía que con la muerte se acababa todo!... Pues esto está más masificado que el mundo de los vivos.

La niebla ha quedado atrás y ahora estoy avanzando por un tunel oscurísimo. ( hágome una disquisición buscando la diferencia entre oscuro y oscurísimo, pero no encuentrolá ) Pasado un breve espacio de tiempo ( en la lengua de los humanos, para entendernos, porque esta dimensión es intemporal ) distingo una luz al final del tunel, una luz que va agrandándose por momentos a medida que mi alma se aproxima. ( momentos intemporales, por supuesto ) ( perdón si joden tantos entreparéntesis, Doña Leona ) hasta que empieza a hacerse cegadora.  Me está cegando!... Me está cegando!... ( Es una sensación, claro, no es una realidad física )

( Continúa y concluye el lunes )